Pichetto cuestionó la centralidad de Karina Milei y apuntó a una crisis de conducción

Publicado: 08 / 10 /2026

Miguel Ángel Pichetto volvió a subir el tono contra el Gobierno y apuntó directamente a la dinámica de poder dentro de la Casa Rosada. El diputado nacional sostuvo que la administración de Javier Milei atraviesa una crisis política y planteó que Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, aparece ocupando un lugar cada vez más determinante en la conducción cotidiana.

La crítica importa porque no llega desde un bloque opositor testimonial, sino desde un dirigente con larga experiencia parlamentaria y peso propio en negociaciones legislativas. Pichetto suele leer la política desde el Congreso, donde el oficialismo necesita apoyos externos para sostener decretos, aprobar leyes y ordenar una agenda que incluye Presupuesto, reforma electoral, proyectos económicos y discusiones institucionales.

Una discusión sobre quién toma las decisiones

El planteo del jefe de Encuentro Federal apunta a una pregunta incómoda para el oficialismo: quién conduce políticamente el Gobierno cuando el Presidente delega buena parte del armado en su mesa chica. Karina Milei no ocupa un ministerio tradicional, pero administra vínculos centrales, participa de negociaciones electorales y aparece como figura clave en la relación con gobernadores, legisladores y dirigentes propios.

Ese esquema no es nuevo en la gestión libertaria. Desde el inicio del mandato, la secretaria general concentró tareas de confianza política, armado partidario y control interno. Lo que cambia ahora es el contexto: el Gobierno enfrenta una agenda parlamentaria exigente, tensiones con sectores aliados, reclamos sociales y la necesidad de construir mayorías de cara a 2027. En ese escenario, cualquier señal de concentración o desorden se vuelve más visible.

El Congreso como termómetro

La advertencia de Pichetto también debe leerse en clave legislativa. La oposición y los bloques dialoguistas observan hasta dónde llega la capacidad de la Casa Rosada para negociar sin romper puentes. El debate por el DNU 70, la Ley de Tierras, la reforma política y el Presupuesto mostró que el Gobierno puede instalar prioridades, pero no siempre logra controlar los tiempos del recinto.

Para los ciudadanos, estas disputas parecen internas de poder, pero tienen efectos concretos. Si el Ejecutivo no ordena interlocutores y acuerdos, se demoran leyes, se judicializan decisiones o se multiplican marchas atrás. Si concentra demasiado la negociación en pocas personas, aumenta el riesgo de que los gobernadores y bloques reclamen garantías políticas antes de acompañar medidas sensibles.

El Gobierno, por ahora, mantiene a Karina Milei como una pieza central de su dispositivo. La pregunta es si esa centralidad alcanza para estabilizar la agenda o si, como advierte Pichetto, termina exponiendo una debilidad mayor: la dificultad para convertir liderazgo presidencial en conducción política amplia y sostenida.