Bausili sostuvo la política contractiva del Banco Central y sube la presión sobre el crédito
Publicado: 20 / 08 /2026Santiago Bausili volvió a dejar en claro que el Banco Central no piensa aflojar. En una nueva intervención pública, el titular de la autoridad monetaria ratificó una política contractiva y descartó que el organismo vaya a usar la emisión o el crédito barato como motor de recuperación económica en el corto plazo.
La definición no es menor porque llega en un momento en que el mercado volvió a sentir la presión de tasas más altas, un dólar contenido a fuerza de intervenciones y una actividad que sigue sin mostrar señales firmes de rebote. El mensaje de Bausili, lejos de abrir una puerta a una política monetaria más amable con familias y empresas, confirma que el Gobierno sigue priorizando la estabilidad cambiaria y la desinflación por encima del impulso al crédito.
En la conferencia de FIEL, Bausili sostuvo que el proceso de desinflación continúa y proyectó para agosto un índice menor al de julio, que había sido de 2,1%. Pero el punto más sensible estuvo en la frase que dejó sobre la política monetaria: no espera que el BCRA salga a incentivar la actividad mediante herramientas expansivas. Dicho de otro modo, el costo de mantener al dólar bajo control sigue siendo una economía con menos liquidez y con tasas más pesadas para el sector privado.
Las señales del Central
- El Banco Central mantiene un sesgo contractivo.
- El Gobierno evita que el dólar mayorista supere la banda psicológica de los $1.500.
- Las tasas de corto plazo subieron con fuerza en agosto.
- El crédito al sector privado volvió a mostrar señales negativas en términos reales.
Los números oficiales ayudan a ponerle contexto a esa foto. El sitio del BCRA muestra que la TAMAR en pesos de bancos privados se ubicó el 14 de agosto en 24,5625% nominal anual y 27,5100% efectiva anual. En paralelo, otras referencias de corto plazo quedaron en niveles muy altos y eso ya se empieza a filtrar en el costo del financiamiento para empresas, comercios y hogares. La lógica es conocida: cuando la autoridad monetaria seca la plaza para sostener el tipo de cambio, el precio del dinero se endurece.
Infobae lo resumió con crudeza en un análisis publicado el 19 de agosto: la suba de tasas responde a la decisión oficial de fijar un límite al dólar mayorista y eso amenaza cualquier intento de recuperación de la actividad vía crédito. Ese dato se vuelve todavía más sensible porque la mora familiar sigue en alza y porque buena parte de los préstamos nuevos ya no se usan para consumo durable, sino para llegar a fin de mes, pagar servicios o refinanciar deudas previas.
El cuadro se completa con la decisión del propio BCRA de flexibilizar el crédito en dólares para empresas. Esa medida apunta a mover algo de financiamiento productivo sin romper la apuesta central de sostener el ancla cambiaria. El problema es que la estrategia tiene un costo político y social visible: mientras el Gobierno celebra la baja de la inflación, la actividad real no despega al mismo ritmo y los salarios siguen corriendo detrás de los precios.
La tensión entre estabilidad y crecimiento quedó expuesta en la misma conferencia de Bausili. El funcionario confía en que algunos sectores extractivos arrastren al resto de la economía, pero ese rebote parcial todavía no alcanza para compensar el impacto que dejan las tasas altas sobre el resto del tejido productivo. Las pequeñas y medianas empresas, los consumidores que dependen de tarjeta o adelantos, y los hogares que patean vencimientos mes a mes sienten la contracara de esa estrategia.
En ese sentido, la discusión ya no es sólo técnica. Es una definición política sobre qué está dispuesto a tolerar el Gobierno para seguir bajando la inflación. Bausili parece haber respondido con claridad: el Central no va a empujar la rueda de la actividad si eso implica aflojar el control cambiario. Esa decisión puede servir para anclar expectativas, pero también deja una economía más lenta y más cara para financiarse.
La foto final es la de un Banco Central que prioriza la disciplina antes que la expansión. Para los mercados, eso puede leerse como señal de consistencia. Para buena parte de la sociedad, en cambio, significa tasas altas, crédito caro y menos margen para que la recuperación deje de ser una promesa. La distancia entre esas dos lecturas es, hoy, una de las claves de la política económica argentina.
