Bullrich frenó las sociedades totalmente automatizadas y obligará a sumar responsables humanos
Publicado: 20 / 08 /2026Patricia Bullrich metió un giro de peso en el debate por la ley de Sociedades: el oficialismo aceptó que las nuevas figuras impulsadas por Federico Sturzenegger no puedan funcionar sin una persona física o jurídica responsable. La modificación desactiva, al menos por ahora, la idea de sociedades totalmente automatizadas y vuelve más prudente el texto que discute el Senado.
El cambio no es menor. El proyecto original abría la puerta a organizaciones autónomas descentralizadas y a estructuras administradas por software, algoritmos o sistemas de inteligencia artificial. Ahora, el oficialismo busca que esos esquemas tengan una cabeza visible y una responsabilidad humana concreta. En la práctica, eso baja el riesgo político y jurídico de una propuesta que había despertado resistencias tanto dentro como fuera del Congreso.
La discusión se dio en la Comisión de Legislación General del Senado, en medio de una ronda de expositores que venía exhibiendo objeciones sobre transparencia, lavado de activos y control de beneficiarios finales. La advertencia más repetida era que una sociedad sin responsable humano podía dejar zonas grises difíciles de fiscalizar. Bullrich tomó esa señal y la convirtió en una corrección política del oficialismo.
Qué cambia en el proyecto
La nueva redacción, todavía en preparación, no elimina el uso de inteligencia artificial ni la posibilidad de automatizar parte de la gestión empresarial. Lo que sí hace es imponer una referencia legal clara para que alguien responda por la estructura. La lógica es simple: si una empresa va a tomar decisiones asistida por sistemas automatizados, el Estado quiere saber quién asume las consecuencias cuando algo falla.
Ese punto había quedado abierto en la versión original de la iniciativa. Sturzenegger defendía un esquema más disruptivo, pensado para modernizar el derecho societario y acercarlo a modelos que, según el oficialismo, podrían atraer inversiones y simplificar trámites. Pero la resistencia política empujó una salida más conservadora: permitir innovación, sí, pero con control humano y trazabilidad institucional.
Por qué importa
El debate no es sólo técnico. También refleja una disputa de fondo sobre cómo regular tecnologías que ya están impactando en la organización de empresas, activos y operaciones financieras. La preocupación por los beneficiarios finales, la transparencia y la supervisión de protocolos no apareció por casualidad: en el Congreso hay consenso en que una modernización sin controles podría abrir nuevas vías para esconder responsabilidades o dificultar la fiscalización pública.
Al obligar a sumar un responsable, el oficialismo intenta preservar la idea de modernización sin parecer ajeno a las alarmas regulatorias. Es una manera de sostener la agenda de desregulación sin pagar un costo demasiado alto ante aliados que necesitan certezas para acompañar el proyecto. También le permite a Bullrich mostrarse como una mediadora entre el impulso innovador de Sturzenegger y las objeciones más clásicas del Senado.
Lo que viene en el Senado
El texto seguirá en tratamiento la semana próxima, con otra ronda de expositores. Recién después podría avanzar hacia un dictamen y, más adelante, al recinto. Eso significa que el proyecto todavía tiene margen para más cambios, sobre todo si los bloques aliados insisten en blindar la responsabilidad legal y en dejar fuera cualquier posibilidad de sociedades 100% automatizadas.
El giro no cierra el debate, pero sí marca un límite político. El Gobierno quiere innovar, aunque no al precio de dejar la estructura societaria sin una persona identificable detrás. En un tema donde la frontera entre modernización y opacidad es fina, la corrección de Bullrich funciona como una línea de contención que el oficialismo no estaba dispuesto a ignorar.
